Dr. Aquilino Polaino
Lorente, Catedrático de Psicopatología y Director
del Departamento de Psicología Clínica de la
Universidad San Pablo-CEU.
“La libre transformación
quirúrgica de sexo –sin fundamento clínico- es una
extrema situación de riesgo para la identidad
personal, con consecuencias irreversibles”
Para el Dr. Polaino, “no es
raro encontrar síntomas psicopatológicos en las
condiciones de las personas que quieren cambiar el
sexo”.
En la persona ¿hay un único sexo o es una realidad
que tiene diversas manifestaciones?
Cada persona está modalizada según un único sexo: se
es hombre o mujer. Esta configuración afecta a la
totalidad de la entera persona, es decir, tanto a su
aspecto morfológico como gonadal, genital, hormonal,
cerebral, etc. Cuando la unidad de las dimensiones
que se concitan en la sexualidad se ha roto, es
decir, si en una misma y única persona hay
dimensiones masculinas y femeninas, por ejemplo,
entonces estamos ante un “estado intersexual”, que
es patológico.
¿Qué es el sexo psicológico?
El sexo psicológico tiene que ver más con el modo en
que se ha ido desarrollando la identidad sexual de
la persona, en función del vínculo afectivo que ha
tenido con sus padres, las personales experiencias
biográficas, la educación sexual que ha recibido,
los patrones de lo que en su cultura se entiende por
masculino o femenino a los que haya sido expuesta,
el devenir de sus apetencias y atracciones sexuales,
etc.
¿Puede haber personas que nazcan con un sexo físico
distinto del psicológico? En ese caso, desde un
punto de vista psiquiátrico ¿qué es lo mas
recomendable, qué cambie de sexo físico o de sexo
psicológico?
Puede darse el caso de personas cuyo sexo físico sea
contrario al sexo psicológico, a causa de algún
trastorno biológico como sucede en el Síndrome de
Turner, el Síndrome de Klinefelter, etc. En estos
casos, el criterio común entre los científicos es
que hay que adaptar, en la medida de lo posible, el
sexo morfológico al psicológico. En este punto, la
mayoría de los psiquiatras están también de acuerdo.
No obstante, la corrección quirúrgica de esa
patología –de acuerdo con el sexo psicológico de la
persona- ha de hacerse cuanto antes, en los escasos
casos en que estas anomalías se presentan, además de
recibir la necesaria ayuda psicológica o
psicoterapéutica, antes, durante y después de la
intervención.
Desde un punto de vista psiquiátrico, ¿se pueden
buscar causas de la transexualidad de una persona,
al igual que se han buscado en la homosexualidad
(falta de cariño en el hogar, abusos sexuales
infantiles, una educación estricta…)?
En
el ámbito de lo que se conoce con el término de
transexualidad, estamos ante una situación muy
diversa de las anteriores. En la mayoría de las
personas que optan por la transexualidad no hay
ningún trastorno biológico en que aquella se
fundamente, por lo que es ambigua más bien la
indicación clínica de la intervención quirúrgica. Lo
más frecuente es que se encuentren trastornos de
personalidad y de la identidad sexual en las
personas que optan por esa transformación quirúrgica
de su propio cuerpo, sin que haya una indicación
precisa para ello. De aquí que sea una práctica muy
común entre los cirujanos que las llevan a cabo,
solicitar previamente al paciente el pertinente
informe psiquiátrico acerca de su salud mental.
¿Se puede decir que una persona que quiera cambiar
de sexo, habiendo nacido con una salud sexual
normal, es un enfermo?
En
algunas personas, sí. Pero no conviene en este punto
abusar de las generalizaciones. Los diversos roles
sexuales están hoy en crisis y esto pesa mucho en la
toma de decisiones de las personas poco informadas.
De otra parte, hay trastornos psiquiátricos muy
intrincados, cuya exploración no siempre es fácil
para el especialista. Por eso hay que obrar con
mucha prudencia. Pero no es raro encontrar síntomas
psicopatológicos en las condiciones de las personas
que antes me apuntaba.
Al escuchar algunas opiniones en los medios de
comunicación, puede dar la impresión que cambiar de
sexo es una operación estética sin más. ¿Qué opina
usted?
El
cambio quirúrgico de sexo jamás será una opción
baladí o el resultado de una determinada corriente
estética. En este punto conviene no olvidar que la
condición sexuada de la persona atraviesa todo su
ser: desde su dimensión biográfica a la personal. Y
estas dimensiones se integran en la identidad
personal, es decir, en lo que hace que cada persona
sea única e irrepetible en su singularidad. No
debería minusvalorase, por eso, estas profundas
transformaciones de la persona, aunque en apariencia
sólo fuere o afectase a su morfología.
Una trivialización del cambio de sexo, ¿hacia donde
nos lleva desde un punto de vista social?
Las
consecuencias de ello resultan tan graves, por el
momento, que son imprevisibles. No obstante, puede
afirmarse que la libre transformación quirúrgica de
sexo –sin fundamento clínico- puede constituir una
extrema situación de riesgo para la identidad
personal, un riesgo cuyas consecuencias tal vez sean
irreversibles. De suceder esto, se destruiría buena
parte del actual tejido social y se incrementaría la
confusión en las relaciones interpersonales, que
dejarían paso a actitudes paranoicas de recelo y
total desconfianza.
Doctor
García Olmo, Jefe de Unidad de Terapia Celular de la
Paz (Madrid)
“Financiar la transexualidad
atenta contra la justicia social”
¿Qué opina del debate que se
ha creado sobre la transexualidad?
Es un debate
complicado. Una cosa es el sexo cromosómico, y que
es imposible de cambiar pues la dotación genética la
tienen todas las células de la persona. Otra cosa es
la expresión genómica, es decir una persona puede
tener un sexo cromosómico varón y tener un fenotipo
(la expresión sexual externa) más cercano al de la
mujer. Y esto puede ocurrir naturalmente. Y también
hay que hablar del sexo psicológico.
Desde el punto
de vista técnico, hay muchos problemas cuando un
niño nace con poca diferenciación sexual. Cuando
esto ocurre –y no ocurre de una manera clara, pues
el hemafrodita verdadero no se da en la especia
humana porque nace con un pene muy pequeño o una
pseudovagina, normalmente se suele asignar el sexo
femenino. Pero no olvidemos que estos casos se dan
muy pocos. Estas situaciones se han llevado con
mucha discreción y pudor en las familias que lo han
padecido.
Cuestión
distinta es la situación actual, en que hombres y
mujeres bien formados y diferenciados desde el punto
de vista físico que deciden que ellos se sienten
mejor siendo del otro sexo y acuden al cirujano para
intentar cambiar su aspecto externo.
¿Es posible que un hombre se
convierta en mujer, desde un punto de vista
quirúrgico y pueda concebir?
El cambio de
aspecto de hembra a varón es extraordinariamente
complicado, pero se puede hacer algo. El que más se
hace es el del varón que quiere tener un aspecto
externo de mujer. Para ello se usan hormonas
femeninas, se le aplican prótesis mamarias,
en las caderas, se extirpan los genitales masculinos
y se crea una pequeña neovagina. Esta última
operación es complicadísima y de un costo muy
grande. Todo esto con el objeto de que tengan una
apariencia femenina. Lo que es imposible es la
posibilidad de crear un útero y unos ovarios capaces
de crear ovocitos. Esto imposible a no ser que
estuviéramos hablando de un caso clínico de falta de
diferenciación, que antes aludíamos.
De lo que se
trata en los medios de comunicación no son de estos
casos clínicos; sino sujetos perfectamente
constituidos, que deciden por cuestiones
psicológicas tener el otro aspecto.
¿La medicina pública debe
pagar esto? ¿Estamos hablando de una terapia?
Depende de
donde pongamos el concepto de enfermedad.
¿Consideramos una enfermedad y una grave tara para
el paciente el hecho de que se sienta mujer y tenga
un fenotipo masculino? Pero teniendo en cuenta la
lista de enfermedades que no cubre la Seguridad
Social, como el dentista, y teniendo en cuenta el
precio de estas intervenciones, se trataría de un
problema de justicia social. Lo que pasa es que la
opinión pública desconoce lo que vale un programa de
transexualidad, que puede acercarse bastante a lo
que cuesta un programa de trasplantes. |