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26.04.2005

Gissell Ceballos (Santo Domingo, Rep.Dominicana)

Cada día, los hijos se van más tarde del hogar. Es más, hay cuarentones que viven y dependen de sus padres. Parecería que estamos fallando en el proceso de separación, independencia y de crear individualidad.

Es irónico lo que pasa. Los padres dedican su vida a hacer felices a sus hijos y el resultado es la infelicidad, pues ellos nunca aprenden la autosuficiencia, nadie los preparó para esto.

En aras de una felicidad mal entendida, los padres les dan todo y más: clases de música, deportes, el mejor colegio, felices cumpleaños, viajes exóticos y, en fin, un exceso de gratificación.

Estos padres se sacrifican no sólo monetariamente sino en todo sentido para que sus hijos tengan lo mejor del mundo.

Pero al ver crecer a estos hijos estamos viendo que se vuelven no sólo cómodos sino exigentes. Son niños que han crecido con tanta atención y preocupación por su felicidad que se quieren mucho a sí mismos, pero a nadie más.

Esa autoestima no es buena. Les hace difícil dar a los demás y, por lo tanto, sus interacciones emocionales son conflictivas.

Esto no pasó con generaciones anteriores. Jóvenes cuyos padres no se preocuparon tanto por el bienestar de sus hijos sino por su formación, y los resultados fueron gente trabajadora, luchadora y sobre todo, independiente.

Eran padres que no sobreprotegían (tal vez porque no había tantos peligros) y dieron a sus hijos más libertad hasta para cometer errores, lo cual llevó al desarrollo en ellos de un buen sentido de responsabilidad e identidad.

¿Qué vamos a hacer entonces con los hijos de hoy, egoístas, cómodos y dependientes? La respuesta es obvia: ponernos las pilas y exigirles.

Hacer acuerdos sobre lo que sí y lo que no se puede. Enseñarles lo que se llama "juicio de realidad". Hacerles ver que tienen que ganarse las cosas y que todo tiene un límite que hay que respetar.

Una tarea esencial es enseñarles desde muy temprano el buen manejo del dinero. Si quieren algo extra, que trabajen y lo consigan. Ver que sus padres buscan su propio bienestar como personas y pareja será un buen ejemplo para estos hijos.

Es importante que vean que así como los padres hacen sacrificios por ellos, también merecen privilegios y respeto. Ya, más adelante, ellos se ganarán esas comodidades pero por sus propios méritos.

Prepare entonces a sus hijos para que se labren su felicidad. Ojalá que con el primer sueldo se les exija una aportación para la casa, de forma que costeen lo que gastan. Si no, ahí los tendrán pegados, cómodos pero poco productivos y, posiblemente, bastante infelices, por la inmadurez que genera la ausencia de responsabilidad.

Para ayudarles a madurar, empiece por exigirles responsabilidad en lo económico, aunque ustedes no necesiten su colaboración material: quienes necesitan esa exigencia son ellos, pues lo más alto no se sostiene sin lo más bajo.

Reflexione. Cualquier día es bueno para cambiar de estrategia en la crianza de los niños de hoy.

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